Para encontrar las auténticas razones por las que se realizó el juicio a Jesucristo, deberemos considerar la situación política del pueblo judío. Convertido en provincia romana, Israel estaba sometido al imperio mientras Herodes Antipas, hijo de Herodes el Grande gobernaba con mano férrea aplicando castigos a la sombra del gobernador Poncio Pilato. Según el historiador Josefo, los romanos esclavizaban y se mantenían de los impuestos judíos mientras permitían el culto hebreo.

Según los Evangelios, el templo judío de Jerusalén celebraba la Pascua, recordando el Éxodo de Egipto cuando Jesús apareció en éste y, ante la actividad comercial desarrollada en los patios adyacentes, montó en cólera derribando puestos de venta y cambistas mientras criticaba la falta de respeto a lo que consideraba la casa de Dios, su Padre. Jesús había sido proclamado rey de los judíos por sus seguidores días atrás y, aunque el templo estaba custodiado por la guardia hebrea y soldados romanos, éste no fue arrestado de inmediato.

No sería hasta días más tarde cuando en el huerto de Getsemaní y tras la traición de Judas, sería arrestado para ser llevado ante la presencia del tribunal del sanedrín para ser juzgado. Condenado a muerte por blasfemia por decreto del pontífice Caifás, éste le había preguntado:
-“¿Eres tú acaso el hijo de Dios?”
– “Soy yo” –respondió Jesús.
Rasgando sus vestiduras, Caifás daba a entender que tal afirmación era motivo de blasfemia, la cual se castigaba con la lapidación.
Cierto es que todo habría quedado ahí, pero Jesús se había denominado como Mesías, lo cual era declararse rey de los judíos y esta afirmación llegó a oídos del gobernador romano quien no podía permitir que a quien consideraba un revolucionario judío no fuera ejecutado sino por el imperio como escarmiento. Llevado a su presencia, éste le hizo la misma pregunta que Caifás, a lo que el reo respondió:
-“Tú lo has dicho”

Según cuentan los evangelistas, quienes comenzaron a escribir sus textos cuarenta años a partir de la muerte de Cristo, Pilato había lavado sus manos dejando la ejecución de éste a manos de las autoridades hebreas pero teniendo en cuenta los textos escritos por historiadores como Tácito, la orden de ejecución habría partido de Pilato; de hecho, el proceso de tortura al que fue sometido Jesús correspondía al método romano, el cual consistía en la flagelación por medio de látigos trenzados con puntas de huesos o metal en sus extremos para después ser crucificado.

Tras la tortura y coronado con espinas, Jesús fue obligado a cargar con los maderos de la cruz donde sería ejecutado. Miles de personas habían sido crucificadas por los romanos por motivos políticos y en el caso de Jesús, su cruz fue colocada entre ladrones y no entre reos de lo que podrían considerarse como de su propia condición revolucionaria.
Los Evangelios recogen detalles diferentes sobre el proceso de su juicio. Según Lucas, el juicio se realiza ante Herodes Antipas, según Mateo, Pilato lava sus manos como señal de la inocencia; según Juan existió un diálogo filosófico entre Jesús y Pilato.

Según el historiador romano, Pilato era lo suficientemente cruel como para haberse hecho cargo de la muerte de Cristo, por lo cual cabe la posibilidad de que un rabino judío como se consideraba a Jesús fuera juzgado sólo como un miembro más de aquel movimiento dentro del judaísmo al cual encabezaba, puesto que el cristianismo como tal, no nacería hasta tiempo después de su muerte.

Jesucristo murió como un blasfemo para los judíos y como un líder revolucionario que conspiraba contra el imperio para los romanos. Dos milenios tras su muerte, se recuerda el proceso que lo condenó a muerte como el juicio más famoso de la Historia.

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