Una estrella moribunda agoniza hasta explotar como una supernova creando una descomunal erupción de explosiones atómicas de dimensiones incalculables hasta formar una concentración de masa gravitatoria que engulle todo cuerpo que se aproxime a su campo de gravedad. Según muestran recientes estudios, nuestra galaxia, la Vía Láctea, contiene una cantidad ingente de estos fenómenos, los cuales se conocen como “agujeros negros.”

Albert Einstein imaginó estas criaturas cósmicas hace más de 75 años, aunque no creía que la Naturaleza fuera capaz de generar semejantes monstruos. La gravedad del agujero negro crea un campo de densidad infinita desde el cual, ni siquiera la luz puede escapar. Arrastrados hasta el centro del agujero negro a través de una singularidad denominada “horizonte de sucesos”; es una masa tan comprimida que tiene la capacidad de separar al agujero negro del resto del Universo. Una deformación del espacio – tiempo es la causante de esta singularidad, creando una densidad infinita que permite al centro del agujero negro destruir todo objeto cósmico que cae en su poder.

La estrella causante del agujero negro era una gigante roja. Este tipo de estrella agonizante desarrolla tras su explosión restos fríos carentes de fusión que permitiese una adaptación a la gravedad normal constante del Universo. En su origen, el agujero negro no tiene una gran dimensión tras la explosión de una supernova, quizás tres o cuatro veces el tamaño del Sol, pero a medida que su extraordinaria atracción va engullendo su entorno, su tamaño podría llegar al de 100 mil millones de soles.

Hay hipótesis que apuntan a que el agujero negro puede llegar a provocar unos túneles a través de los cuales y de manera extraordinariamente rápida se pudiera acceder a otros lugares del Universo, o incluso a otros universos; estos hipotéticos túneles son conocidos como “agujeros de gusano.”
El agujero negro puede expulsar gran cantidad de energía a través de la galaxia que lo aloja; esta energía es tan potente que impide la formación de sistemas solares en lugares relativamente próximos a él. Los científicos calculan que un agujero negro primigenio se creó mil millones de años tras el nacimiento del Universo, al cual se le calcula una edad aproximada de 13.800 millones de años.

En un Universo incansable, las galaxias se desplazan e incluso chocan tras decenas de miles de millones de años de convivencia vecinal. La Ciencia afirma que nuestra vecina, la Galaxia de Andrómeda, chocará con la Vía Láctea en un futuro fundiendo el contenido de su espacio, probablemente en un gigantesco cataclismo. Una pregunta lógica podría surgir en nuestra mente: Tras tan formidable choque, ¿los agujeros negros desaparecerán, o se mantendrán impasibles mientras su apetito sagaz sigue engullendo los restos de la gran catástrofe?

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