Siendo el quinto planeta del sistema solar, Júpiter tiene más similitud con su estrella que el resto de sus hermanos planetarios. Formado desde los inicios del sistema solar, está compuesto por helio e hidrógeno, tal como el propio Sol; su campo magnético, su intensa radiación y sus erupciones volcánicas que expulsan materiales al espacio lo definen más como una estrella que como a un planeta propiamente dicho. Sus 67 lunas, orbitan convirtiendo el entorno de este gigante gaseoso en otro sistema planetario dentro del propio sistema solar.

Fue el primer planeta que se creó en el sistema solar y ha influido desde entonces en la estructura de éste. Tan inmenso como para contener 317 veces la masa de la Tierra, sólo una de sus tormentas podría contener a ésta y sus condiciones son extremas; su gran campo magnético le confiere una capacidad especial para emitir ondas de radio y en su núcleo bajo sus nubes de gas, la presión es mil millones de veces la de la atmósfera de la Tierra. La presión que sostiene el hidrógeno de su núcleo lo transforma en una masa líquida que alimenta su campo magnético convirtiéndolo en una gigantesca dinamo.

Sonda Juno

Sonda Juno

Tan intensa es la influencia de Júpiter, que su campo magnético puede llegar a crear auroras boreales debido a su intensa radiación, tan enorme, que sólo el Sol la supera. La sonda norteamericana Juno orbita alrededor del planeta y sus lunas; de introducirse en la atmósfera de Júpiter, Juno quedaría destrozada por la citada radiación. ¿Qué genera con tanto poder estas auroras boreales?

Io

Io

Io, una de las lunas de Júpiter es la clave de ello. Orbitando a unos 350.000 kilómetros de Júpiter, este satélite no tiene nada que ver con nuestra luna. Su actividad volcánica cargada de basalto crea auténticos surtidores de lava como consecuencia de la fortísima gravedad que el planeta ejerce sobre Io. Siendo una luna que tiene una superficie de dióxido de azufre helado, contiene corrientes internas de lava incandescente que son expulsadas y que, al mezclarse con el dióxido de azufre, el contraste expulsa toneladas de partículas que llegan hasta Júpiter a gran velocidad, creando auroras boreales.

La Gran Mancha Roja de Júpiter

Desde que fuimos capaces de observar a Júpiter desde un telescopio, una gran mancha roja ha mantenido intrigados a los astrónomos. Con un tamaño semejante al de dos veces y media el diámetro de la Tierra, esta mancha se ha definido como una gigantesca tormenta que se alimenta desde hace siglos de otras tormentas. No se ha podido determinar con exactitud la edad de este fenómeno aunque al parecer, algunos científicos le otorgan unas 2 décadas más de existencia. Según estimaciones realizadas por la sonda Voyager a más de 9 millones de kilómetros de distancia de Júpiter, la mancha es un vórtice que gira concéntricamente al contrario de las manecillas del reloj a casi 650 km/h.

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