Nada nos hubiera hecho sospechar de una relación entre Isaac Newton y las profecías del Apocalipsis, pero unos documentos encontrados en una caja subastada en Londres en 1936 dejaron algunas revelaciones. Asociado al estudio de las matemáticas la física y la astronomía, Newton nunca había publicado nada relacionado con la religión, probablemente porque sus creencias habrían sido consideradas un escándalo para la sociedad de su época.

Los escritos encontrados en la caja muestran a un hombre creyente de la Biblia, pero que cuestionaba dogmas como la veracidad de la Santísima Trinidad por su condición de arriano, e incluso se conoce su relación con la alquimia y el esoterismo. Basándose en el libro Bíblico de Daniel, Newton pronosticó que el Apocalipsis llegaría en el año 2060, o dicho de otra forma según sus crónicas, 1290 años tras la coronación de Carlomagno.

Estudioso de la Cábala y el Tabernáculo judíos, Newton consideraba también la interpretación de la profecía del Libro del Apocalipsis en el estudio de la rotura del Séptimo Sello a consecuencia de la reconstrucción del Templo de Salomón, que traería el fin de los tiempos. Los documentos habían sido adquiridos en subasta por el famoso economista John Maynard Keynes, quien los vendió al erudito judío Abraham Shalom Yahud, pero tiempo más tarde fueron requisados por la Biblioteca Nacional de Israel. Los estudios de Newton le habrían condenado como hereje; según plasmaba en los documentos, consideraba a la Iglesia Católica como la Bestia del propio Apocalipsis y, aunque creía firmemente en los textos bíblicos, afirmaba que la corrupción de la mano del hombre se reflejaba en ellos.

Los análisis que hubo realizado sobre los textos del Antiguo Testamento le hicieron descubrir un plan de Dios para los hombres codificado en sus páginas. Se empeñó en demostrar que algunos sucesos descritos ya habían ocurrido y que Dios no quería que fuese revelado hasta el mismo fin de los días. Aseguraba también que los conocimientos científicos de los antiguos sacerdotes egipcios habían sido extraídos de la naturaleza revelada por el propio Dios.

Newton había estudiado también la relación de los templos antiguos con el cosmos, sobre todo con los ubicados en Egipto y algunos de oriente, donde los sacerdotes tenían acceso al conocimiento de los misterios y la estructura del Universo. De la misma forma, Newton aseguraba que el Templo de Salomón contenía la piedra que mostraba dónde Dios habría creado el mundo y mediante cálculos matemáticos y geométricos quiso demostrarlo.

 

Muy probablemente, de haber sido publicados estos textos en vida de Isaac Newton nos habría privado del resto de la ciencia que llegamos a conocer. El hermetismo de la religión de la época le habría condenado a muerte y todo su trabajo habría sido pasto de las llamas.

Tras la muerte de Newton, estos documentos desaparecieron durante tres siglos y, aunque fueron redescubiertos en 1936, hasta hace pocos años no han sido revelados al público. ¿Por qué?

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