Los Ángeles Caídos

Los textos antiguos descritos en el Libro del Génesis hablan de una eterna lucha entre Dios y el demonio, entre sus servidores, los Ángeles Caídos, la batalla entre el Bien y el Mal. Este conflicto culminará con la llegada del Apocalipsis, mientras, Dios y Satán lucharán por la posesión de las almas de los hombres.

Las principales religiones del mundo; cristianismo, el Islam y el judaísmo advierten sobre el peligro de la presencia del diablo y de la condenación eterna del alma. También conocidos como “nefilim o nephilim”, (palabra hebrea que significa “los caídos”), éstos eran los hijos producto de los ángeles caídos, conducidos por Shemhazai, quienes tomaron las hijas de Adán.

 

Nefilim

Nefilim

 

De grandes dimensiones, estos descendientes tenían un apetito insaciable hasta tal punto que habrían devorado incluso a humanos. Según La Biblia, Dios habría provocado el diluvio universal para aniquilar a estos gigantes de la faz de la tierra, así como la maldad humana.

La primera noción que La Biblia nos da del demonio se encuentra en el Libro del Génesis, cuando Eva es tentada a comer del Árbol del Bien y del Mal, del cual Dios había prohibido alimentarse a los primeros humanos; no obstante, la mayor rebeldía del demonio se manifiesta en otorgar al hombre la capacidad del conocimiento de manera que éste pudiera desafiar a Dios.

Como en la mitología griega, con el ejemplo del titán Prometeo ante Zeus, una rebeldía contra la autoridad de un dios en favor del conocimiento humano enfrenta a un ángel en este caso con Dios. Un ángel amado por Dios, Lucifer (“portador de luz”) sería el mayor opositor o adversario cuya soberbia lo arrastraría a la oscuridad.

 

Lucifer

Lucifer

 

El Antiguo Testamento considera la palabra “Satán” como “opositor”, y es por ello que en la creencia cristiana en el Nuevo Testamento se le atribuye a Lucifer el mismo apelativo, haciendo de éste la representación de todo aquello que enfrenta a Dios, y con ello, se le otorgan aquellos apelativos que describen al mal.

Se atribuye a Satán la existencia del mal; su tarea principal a través de los tiempos ha sido la de promover a través de la tentación y el engaño el pecado en los hombres para de esta manera poseer sus almas al llegar el fin de los días. Los disfraces mediante los cuales Satanás tienta a los hombres se conocen desde los días del Paraíso Terrenal, una transmutación con la que, encarnado en una serpiente, tienta a Eva.

 

Infierno

Infierno

 

En la cultura cristiana imaginamos el infierno como el reino desde el que Lucifer gobierna a sus leales demonios mientras atormenta a las almas raptadas a Dios, pero la Biblia nombra al infierno como una prisión donde al final de los tiempos será arrojado por Cristo. El infierno cristiano es un lago de fuego, un estanque con aroma a azufre donde las almas sufrirán una agonía eterna como castigo a sus pecados. La aparición de Cristo como Hijo de Dios, como Mesías ungido por éste y del linaje de David añade a la batalla un nuevo luchador contra la tentación.

Satanás y Jesús

Satanás y Jesús

 

La apariencia con la que se describe a Satanás está tomada de antiguas deidades babilónicas, como Baphomet, una figura barbuda y con cuernos en la cabeza, o como una cabra de manera antagónica al Cordero Divino.

 

Lilith

Lilith

 

Otras culturas y religiones antiguas como el Yazidismo rinde adoración a un ángel caído llamado Malak Taus, representado como pavo real. Otra representación del mal la encontramos en Lilith, una primera compañera de Adán en el Edén y que se convertiría en demonio para ser la encarnación de una maligna belleza y raptora de niños en su cuna.

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