La auténtica máscara de Tutankamón quizás está aún por descubrir. Tras ser hallada la tumba del joven monarca el 26 de noviembre de 1922 por el arqueólogo Howard Carter, diversos detalles actualmente analizados en profundidad levantan sospechas en cuanto a quién pertenecían en realidad tanto su tumba, como la máscara dorada que cubría su rostro.

La documentación que Howard Carter había guardado sobre la tumba del joven faraón dejaba constancia de todos los objetos que sus enterradores habían depositado para que fueran utilizados durante su viaje a través de la eternidad pero, tras comparar cómo habían sido tratadas las cámaras mortuorias de otros faraones, la tumba KV62, perteneciente a Tutankamón parecía haber sido construida o diseñada de una manera mucho más sencilla e incluso desorganizada. Además de ello, el tratamiento al cual había sido objeto su cadáver para su momificación era singularmente mal realizado.

Howard Carter

Howard Carter

La principal hipótesis sobre el auténtico motivo de la muerte del joven había sido el asesinato, aunque diferentes esculturas podrían dar pistas de su participación en una batalla. Tras practicar su autopsia, la falta de órganos como el corazón, hacen suponer que, si los egipcios conservaban el corazón en sus momias por motivos religiosos, la ausencia de éste, además de la aparición de fracturas en varias zonas de su cuerpo pudieron ser causa de muerte derivada de un grave accidente con su carro de guerra.
Sumado a estos detalles, Carter describía el aspecto de la momia como un “despojo carbonizado” refiriéndose a la mala realización de la momificación de su cadáver que, envuelto en vendas de lino, presentaba un aspecto ennegrecido. Tal vez debido a la ausencia en el lugar de su muerte de gente especializada para la preparación del cadáver de un monarca, la precipitación sería la causa más probable de la mala praxis en su ejecución.

¿Sufría Tutankamón una discapacidad?

El sarcófago, de cuarcita roja, estaba compuesto por tres ataúdes; dos de ellos de madera chapada en oro, y dentro de éstos, un ataúd de oro macizo que contenía la momia real. Al hallar el cadáver pudo observarse una mutilación en sus pies; en un principio se creyó que, debido a las cortas dimensiones del féretro, los embalsamadores tuvieron que practicar una amputación pero, observando los objetos que contenía su cámara, una serie de bastones levantó las dudas en cuanto a la posibilidad de que Tutankamón hubiera sufrido una discapacidad que le obligara al uso de un apoyo en su caminar.

 

Imágenes halladas representan al monarca sentado mientras sostiene un arco (postura atípica); asimismo, las sandalias que fueron halladas en su cámara mortuoria adornadas con oro demuestran unos cierres de seguridad para fortalecer la sujeción de sus pies, lo que refuerza la hipótesis de una posible discapacidad. Científicos encargados de su autopsia aseguran que muy probablemente Tutankamón sufriera alguna enfermedad derivada de la práctica incestuosa de los matrimonios reales de su dinastía.

Una dinastía condenada a desaparecer

Nacido con el nombre de Tut-anj-Atón, o Tutankatón, en honor al dios Atón a quien honraba su padre Akenatón, el joven faraón fue, según afirman recientes estudios de ADN, hijo de éste y de la reina Nefertiti, con quien mantenía parentesco de consanguineidad. La tumba de Tutankamón contenía también dos pequeños sarcófagos en los cuales se hallaban los cuerpos de sendas niñas, al parecer hijas de éste y de su esposa y hermana Anjesenamón; dichos cuerpos aparecían bastante dañados, pero dejaban constancia de haber nacido ya cadáveres, quizás como consecuencia del incesto paterno.

Tutankamón había fallecido con apenas 18 años tras suceder tempranamente a Semenejkara, que había sustituido durante un breve período a su padre Akenatón, muerto cuando éste tenía sólo 9 años. Akenatón había sido el faraón hereje que había desafiado a los sacerdotes y eliminado a los tradicionales dioses que hasta entonces habían sido adorados en favor de la nueva religión que veneraba a Atón, el nuevo dios. Los conflictos religiosos que había producido el faraón terminaron tras su muerte, con la restitución de la antigua religión de Amón y el joven monarca fue elevado al trono, mientras el ministro Ay y el general Hamenoteb ostentaban el auténtico poder.

¿Una tumba realizada con objetos de segunda mano?

Tras la muerte de Tutankamón, el trono había quedado si un heredero; la memoria de su padre había sido borrada en gran medida de la historia egipcia por sus detractores y con él, probablemente pudo ocurrir lo mismo. Su tumba puede ser una prueba de ello; a pesar de su rango de monarca, era inusualmente pequeña, de hecho la misma entrada a la cámara mortuoria había sido modificada para poder introducir los más de cinco mil objetos que le acompañarían en la eternidad. Hay opiniones que aseguran que muchos de los objetos hallados en la cámara real pudieran haber sido llevados desde otras tumbas con precipitación; como ejemplo, ciertas figuras representativas del monarca, las cuales no mantenían una fidelidad a su parecido físico, y mucho menos entre ellas. El cuidado que los artesanos mantenían con estos detalles no aparecen en el caso de Tutankamón.

Pudo ser que Ay, quien le sucediera en el trono casándose con su viuda Anjesenamón para así ascender como digno al trono le relegase a un segundo plano otorgándole una modesta y escondida tumba apropiándose la que pudo haber sido destinada al joven monarca. Otras opiniones aseguran que su desordenada tumba sólo es consecuencia de la precipitación producida por la repentina muerte de éste. Ciñéndonos al título de la publicación, veamos otros detalles sorprendentes; ante todo, sobre el objeto más sobresaliente encontrado en su tumba: su máscara.

¿Una máscara modificada?

 

Observando con detenimiento los acabados de la máscara realizada en oro se puede precisar que dicho objeto fue modificado para ser utilizado por otra persona. En sus orejas aparecen agujeros que determinan que originalmente estuvo destinada para una mujer, muy probablemente para su supuesta madre Nefertiti, puesto que los varones jamás se representaban usando pendientes.
La aleación del oro de su rostro difiere con la de las demás piezas de la máscara, la cual tenía una inscripción oculta que fue sustituida, la cual rezaba «Merneferkheperura», es decir, “Amado de Neferkheperura”, otro de los nombres de Akenatón. También es observable que los rasgos de la máscara distan mucho de guardar un parecido con el joven faraón, y sí mucho más con el rostro representado en el busto de la reina.

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