Los dioses de la mitología griega podrían definirse en categorías en función de su dedicación. Los griegos erigían sus altares y sus plegarias a los dioses que intervenían en su vida cotidiana. El politeísmo, hasta la llegada del cristianismo, era la manera de culto más habitual. Desde lo que consideraban la creación; el Caos o vacío, sus dioses fueron apareciendo tras fenómenos derivados de la propia naturaleza o del nombre que en aquella época conocían a la Tierra: la diosa “Gea”.

Desde Zeus, padre de todos los dioses, éstos iban evolucionando a través de la relación, o entre los propios dioses o de la relación entre ellos y y los humanos. Océano en forma de río y Tetis, considerada la primera madre, serían el origen de los dioses que aparecerían posteriormente.
Dioses del Olimpo

Zeus

 

Considerado padre de todos los dioses, era hijo de Cronos, señor del Tiempo y de su esposa Rea. Su influencia sobre los humanos abarca el cielo, la luz, las tormentas y los truenos; ante él, todas las criaturas se someten. Ocultado por su madre, Zeus fue criado en la isla de Creta por la cabra Amaltea la ninfa Adamantea o la ninfa Cinosura, según las diversas tradiciones hasta que, ya en la edad adulta se enfrentara a su padre, quien había devorado al resto de sus hermanos ante el temor de las predicciones hechas por el Oráculo.

Obligado, Cronos vomitó a todos sus hijos que, junto con Zeus, arrebataron el poder que éste mantenía junto a los Titanes sobre el Universo. Zeus mantuvo relaciones sexuales tanto con divinidades como con humanos, de uno u otro sexo aún esposo de su propia hermana Hera con quien engendrara a Ares, dios de la Guerra y a la diosa Herbe su prole se acrecentaba tanto con otras diosas como con mortales.

Afrodita

 

Diosa del Amor, la belleza, la sexualidad y la lujuria, Afrodita surgió de la espuma del mar cercano a Chipre proveniente del esperma derramado de los testículos de Urano, los cuales fueron arrancados y arrojados al mar por Cronos durante la titanomaquia o guerra de titanes. Nació ya adulta y dueña de una gran belleza, lo cual hizo temer a Zeus por el peligro que entrañarían las disputas de los dioses para poseerla; fue por ese motivo que la casara con Hefesto, dios del Fuego y la Fragua. El culto a esta diosa se celebraba durante unos festivales llamados “Afrodisias”; en los santuarios dedicados a Afrodita, sus sacerdotisas practicaban la prostitución religiosa como una manera de adoración hacia ella.

Afrodita

Apolo

 

Hijo de Zeus y la divinidad Leto, Apolo tenía una hermana melliza, Artemisa. Fruto de la infidelidad de Zeus a su esposa Hera, ésta amenazó con arrasar la tierra donde Leto diera a luz y fue por eso que Apolo y su hermana fueran a nacer en la isla errante de Delfos, escapando de la cólera de Hera, pero sería más tarde cuando ésta enviaría como venganza a una monstruosa serpiente pitón para devorarla. Apolo, armado con un arco y flechas forjadas por Hefesto sería quien dio muerte al monstro. Por esto, y por la derrota del gigante Ticio, ayudado por Artemisa, a Apolo se le confiere como dios profético del Oráculo de Delfos. Tanto Apolo como su hermana son representantes de la luz del sol como de la luna; al igual que Afrodita, representa la belleza masculina, vinculándose a él, artes como la curación, la música y las artes plásticas.

Apolo

Ares

 

Hijo de Zeus y de su esposa Hera , además de hermano de Atenea, fue para los antiguos griegos el dios de la guerra, siendo sus mayores atributos su fuerza, su vigor, su disposición para la violencia y el derramamiento de sangre. Se dice de él que nació en la Tracia, fuera de Grecia, aunque cabe imaginar que su culto fuera adquirido por los griegos desde otras divinidades extranjeras. Bien es cierto que Ares fue adorado en mayor medida por espartanos que por atenienses, quizás por estar más implicados en las artes guerreras. De una relación adúltera con Afrodita se le atribuyen dos vástagos: Fobos y Deimos (Miedo y Terror en griego), que le acompañaban en la batalla. Habitualmente se celebraban sacrificios en honor al dios, consistentes en la muerte de perros negros, pero también era costumbre el sacrificio humano.