“La Papisa Juana”

 

Un misterio ha sobrevolado los cielos del Vaticano durante más de un milenio y a día de hoy, la Iglesia sigue sin aclarar la certeza de si durante el siglo IX, una mujer ocupó la silla papal con el nombre de Juan VIII cuando lo correcto hubiera sido decir que fue “la Papisa Juana”.

¿Será como consecuencia de esta historia que llegado el siglo X y hasta 1513, que fuera elegido Papa León X, la Iglesia utilizara una silla perforada (sedia stercoraria), diseñada para verificar el sexo del sucesor de Pedro?
-“Duos habet et bene pendentes” (“Tiene dos y cuelgan bien”);-“Mas nobis nominus es” (“Nuestro nominado señor es”)
–“¡Deo gratias!” (“¡A Dios gracias!”).

Sedia stercoraria

Sedia stercoraria

Éstas serían las frases pronunciadas por un diácono tras examinar los genitales del futuro pontífice y respondida por los presentes y es que, según algunos relatos, Juana habría accedido a la vida monástica ocultando su condición de mujer.

Una historia que la Iglesia Católica deshecha como cierta y atribuye a una leyenda popular pero, según algunas crónicas del siglo XIII, un monje dominico llamado Jean de Mailly señalaba la existencia de una mujer llamada Juana la cual, disfrazada de hombre, había ingresado en un monasterio para convertirse en monje sin embargo, otras teorías apuntan a que fuera posible que, según el Levítico, ningún hombre que tuviera ausencia de testículos o los tuviera dañados podría ostentar el “servicio del altar”, asumiendo también la posibilidad de que cierto Papa hubiese sido tachado de débil o afeminado.

La lista papal de aquella época no aclara tampoco qué Papa pudo ser en realidad Juana; quizás quien fuera conocido como Benedicto III entra en el pensamiento de otros autores pero, ¿qué pudo llevar a esta mujer a desencadenar esta historia?

Todo comenzó en una abadía

 

Se cree que Juana habría nacido en Maguncia (Alemania) hacia el año 822; en una época en la que la educación estaba vetada a las mujeres, la joven había entrado en el monasterio benedictino de Fulda, disfrazada de hombre y utilizando el nombre de Johannes Anglicus, el cual le abrió paso a su biblioteca, considerada una de las más importantes y completas de su país. Adelantada alumna, su fama y sus conocimientos le abrieron las puertas del propio Vaticano, donde fue muy valorada su erudición en múltiples materias, sobre todo en medicina, la cual pudo haber estudiado en Atenas de manos del rabino Isaac Israeli, las siete artes liberales (trivium y quadrivium), hasta convertirse en secretario de la Curia. A la muerte del Papa León IV, hacia el año 855 sería elegida como Papa, no sabiéndose a ciencia cierta si con el nombre de Benedicto III o Juan VIII.

Lapidada hasta la muerte

 

Dos años, siete meses y cuatro días Éste es el tiempo de papado que se le otorga a Juana. Se dice que durante una procesión que discurría entre la Basílica de San Pedro a Letrán, la papisa sufrió unos intensos dolores que no pudo ocultar y, tras caer al suelo, los participantes presenciaron con asombro cómo su Papa daba a luz en pleno trayecto en una calle cercana al Coliseo.
Una versión de los hechos, madre e hijo morían en circunstancias no aclaradas al poco tiempo del parto; otra más extendida añade que la justicia de Roma la encadenó de un pie para ser arrastrada a lo largo de media legua mientras era lapidada por el gentío. No está claro en todo caso el lugar o circunstancias de su enterramiento pero sí se dice que los papas posteriores evitan su paso por el lugar donde ocurrieron los hechos.

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