El Islam

 

Para establecer el origen del Islam, debemos viajar hasta la ciudad de La Meca, en la península arábiga a finales del siglo VI de nuestra era. La Meca era un centro de abastecimiento y comercio situado en pleno oasis donde las caravanas de diferentes tribus seguían su ruta. En aquella época la estructura social no estaba regida por una monarquía, sino por una confederación de tribus politeístas divididas en clanes.

 

El Origen del Islam

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Mahoma y el arcángel Gabriel

Mahoma y el arcángel Gabriel

 

En el año 570, dentro de la tribu Quraysh y perteneciente al clan de los hachemíes, nacería quien años más tarde sería el profeta iniciador de un nuevo culto al que daría el nombre de “Islam” (الإسلام). La palabra Islam significa: “El que se entrega a Alá”.

El Profeta Mahoma

 

Abū l-Qāsim Muḥammad ibn ‘Abd Allāh ibn ‘Abd al-Muttalib ibn Hāšim al-Qurayšī, nombre completo de Mahoma o Muhammad, había nacido el 26 de abril del año 570. Hijo póstumo de Abdullah, un mercader de la ciudad, su madre Aminah, encomendó durante sus dos primeros años su cuidado a una nodriza llamada Halimah ante el temor de que el pequeño (según creencia de su entonces esposo), estuviera poseído por un espíritu maligno.  Fallecida Aminah cuando Mahoma contaba apenas seis años, su cuidado pasó a manos de Abdul Muttalib, su abuelo paterno quien moriría dos años después. Tras esta última tragedia, el niño fue educado por su tío Abu Talib, con quien aprendería el arte del pastoreo pasando su juventud viajando en las caravanas que cruzaban el desierto arábigo.

Con apenas veinte años y curiosamente siendo (según la afirmación de la mayoría de sus creyentes) analfabeto, Mahoma se convirtió en el administrador de una acaudalada comerciante llamada Khadijah, quien había enviudado y que años más tarde se convertiría en su esposa.

El Profeta Mahoma

El Profeta Mahoma

Se pone en duda el analfabetismo de Mahoma puesto que, además de comerciante, era perfectamente conocedor de los textos bíblicos judíos y cristianos. En cambio, algunos historiadores musulmanes aseguran que en la revelación que Mahoma recibiría del arcángel Gabriel cuando había cumplido cuarenta años, éste “le había hecho memorizar y recitar la palabra de Dios para así transmitir los versículos del Corán a sus fieles”. En realidad, la primera transcripción del libro sagrado de los musulmanes no se realizaría hasta pasados muchos años tras la muerte del profeta.

La Revelación

 

Cumplidos los cuarenta años, Mahoma se retiró al desierto en soledad, tal y como ya habían hecho profetas predecesores como Abraham, Moisés y el propio Jesucristo. Apartado en una cueva llamada Hira, en el monte Jabal Al-Sur a unos 3 kilómetros de La Meca, buscaba refugio mientras pasaba días en meditación hasta recibir la visita de quien dijo ser el arcángel Gabriel. Durante sus intervenciones, Mahoma llegó a sufrir –según dijo- episodios de crisis durante las cuales expulsaba espuma por la boca mientras su cuerpo se convulsionaba, lo cual le hizo incluso creer que estaba ante un ser demoníaco.
Decía haber recibido por mediación del arcángel la revelación de Dios, cuyo nombre es Alá. Un Dios único, lleno de bondad, todopoderoso y juez de nuestras acciones a quien se debe gratitud. Un Dios omnipotente a quien ofende la riqueza de los comerciantes y que reclama la protección, la generosidad y el respeto para con los débiles. Los versículos iban manando de la boca del arcángel mientras el hasta entonces mercader los iba memorizando.

Animado por su esposa, primera oyente y discípula, Mahoma comenzó a predicar, tal y como también habían hecho sus predecesores; Gabriel le había dicho: “Tú serás el último profeta”.
Inició su predicación en La Meca, abogando por la adoración a un único Dios; en un lugar plagado de templos árabes politeístas, su nueva palabra, el “Corán”, sólo podía ser pronunciada, así como Alá adorado en el templo de La Kaaba. Lo que hacía tan particular a La Kaaba, era que fue el edificio construido por Abraham donde se encontraba la piedra negra que el arcángel Gabriel había entregado a Isaac. El resto de los templos estaban dedicados a otras deidades y por tanto, no eran dignas de la palabra de Alá.

Las primeras desavenencias vinieron de la mano de los politeístas cuando Mahoma increpó contra sus cultos y sus ídolos. Por otra parte, las críticas del profeta hacia los ricos y su falta de empatía con los pobres, su modo de vida, etc., así como la obligación de asumir el monoteísmo, influyó en la percepción que tuvieron de él, viéndolo más como un adversario político que pudiera tomar las riendas de la ciudad, y con ello de su dinero.
Obligaciones como” la Profesión de fe, las cinco plegarias diarias, la peregrinación a La Meca, el ayuno del Ramadán, la limosna legal y adorar a un único Dios Alá, eterno, todopoderoso creador y dueño de todas las cosas” van incluidas en las recopilaciones del Corán, único libro sagrado necesario para llegar a la resurrección y con ella, al Paraíso de Alá.

La Meca Antigua

Durante diez años, la vida de Mahoma no fue precisamente un camino de rosas; sólo pudo granjearse un pequeño grupo de adeptos y para más desgracia, la muerte de su esposa y de su tío, quien fue su protector, terminaron por obligar a Mahoma a trasladarse a cientos de kilómetros al norte hasta la ciudad de Yathrib, conocida hoy como Medina. Sería allí donde actuó como un político; fundando una nueva tribu, sus seguidores se denominaban “musulmanes” (los que se entregan a Dios). La nueva religión ya se conocía como “Islam” (la entrega a Dios).

Durante más de una década, Mahoma intentó de forma pacífica que las tribus y caravanas procedentes de La Meca abrazaran el Islam que ya había proliferado en Medina dándole un status e influencia. Finalmente, hacia el año 630, con un ejército de diez mil hombres llegó hasta las puertas de La Meca, la cual se rindió sin presentar batalla. La ciudad abrazó el Islam y se despojó de todos los ídolos mientras Mahoma estableció una fuerte presión por toda Arabia hasta conseguir que todas las tribus de la península abrazaran unidas el estandarte del Islam. El 8 de junio del año 632 tras enfermar, Mahoma moría en Medina con 63 años.

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