La Invasión Musulmana

 

La invasión musulmana de la Península Ibérica comenzó en el año 711 tras haber ocupado los territorios de Oriente Medio, así como el norte de África donde habían sometido el dominio cristiano hasta las mismas puertas de Constantinopla.
Tras muerte de Mahoma en el año 622, diferentes líderes musulmanes desde su sucesor y primer califa Abū Bakr, habían hecho de la causa musulmana lo que denominaron “Guerra Santa”; llegados hasta el estrecho de Gibraltar y aprovechando las luchas internas de los reinos visigodos, las tropas musulmanas estaban capitaneadas por el bereber Tariq, por orden del entonces gobernador del norte africano Musa ibn Nusayr.

La invasión musulmana de la Península Ibérica

by Alfredo Varela | Audio para discapacitados viduales

Por aquel entonces, las tropas ocupadoras estaban compuestas por soldados árabes y bereberes procedentes de las tierras ocupadas africanas. Los territorios tribales habían sido islamizados y se sumaban a las fuerzas invasoras para derrotar el mismo año al entonces rey visigodo Rodrigo en la batalla de Guadalete, donde cayó muerto. Con relativa facilidad y en un espacio corto de tiempo, las tropas musulmanas ascendieron a lo largo de la península hasta tomar lugares como Sevilla, Toledo y Zaragoza además de apropiarse territorios del reino de Navarra en el 714.
En apenas 20 años, los musulmanes tomaron las ciudades apropiándose de sus bienes mientras relegaban a su población a la servidumbre tras firmar una capitulación. En otros casos, existían pactos entre los nobles hispanos y la jerarquía árabe mediante los cuales, éstos conservarían sus rangos, leyes y religión cristiana mientras que por otro lado, pagarían impuestos obligatorios por ley musulmana a los no creyentes. Como había ocurrido siglos atrás con Roma, la Península Ibérica pasó a ser una provincia, en este caso del califato de Al-Andalus.

Mapa de la invasión musulmana

Los Emiratos

 

Los territorios que habían sido conquistados en lo que denominarían “Al-Andalus” (El Paraíso) dentro del territorio ibérico estaban gobernador por un emir nombrado desde el califato perteneciente a la ciudad de Damasco, de la dinastía Omeya. Sólo en algunas áreas de la península los árabes no pudieron penetrar; en el año 722 fueron derrotados por los astures en la batalla de Covadonga. También intentaron su expansión dentro del territorio francés, pero aunque lograron conquistar algunas ciudades, fueron neutralizados por el ejército franco cerca de Poitiers en el 732, lo que supuso su retirada más allá de los Pirineos replegándose hacia territorio hispano.

Territorio musulmán

Territorio musulmán

Abd-al-Rahman I

Abd-al-Rahman I

 

A mediados del siglo VIII, la revolución Abasí despojó del califato a la dinastía Omeya, lo cual provocó la huida de muchos de sus miembros hacia tierras de Al-Andalus; entre ellos se encontraba Abd-al-Rahman, quien sería proclamado emir con el nombre de Abd-al-Rahman I creando un emirato independiente políticamente del Califato Abasí, aunque sí reconocía su liderato religioso. El nuevo emirato plantó su sede en Córdoba, desde donde se pretendía controlar a las familias nobles musulmanas.

El Califato de Córdoba

 

Ya en el año 929, el emir Abd-al-Rahman III se proclamaría Califa, para así asumir tanto el poder político como religioso. Una de las claves para el fortalecimiento de este poder fue la construcción de una ciudad – palacio residencia de los califas (Madinat al-Zahra), dejando así el Alcázar que hasta entonces tenía esa función, próximo a la Gran Mezquita.
Sería Almanzor, caudillo de los ejércitos musulmanes quien durante las últimas décadas del siglo X arremetería contra los reinos cristianos del norte destruyendo ciudades como Santiago de Compostela, Barcelona y Pamplona, capital del reino de Navarra quien sacudiría la hasta entonces aparente tranquilidad dentro del territorio ibérico y que llevaría a la destrucción del Califato en el 1031. La Reconquista cristiana había nacido.

Madinat al-Zahra