Los orígenes de Holmes

 

 

Finalizaba la última década del siglo XIX, cuando el nombre de H. H. Holmes sacudió a la sociedad estadounidense y en concreto a la ciudad de Chicago, donde un “encantador” asesino en serie perpetraría la mayor masacre conocida hasta entonces; es por eso que a Holmes se le atribuye el deshonroso título de ser “el primer asesino en serie de E.E.U.U.”

H. H. Holmes, asesino en serie

por Alfredo Varela | Audio para discapacitados visuales

Nacido en Gilmanton (New Hampshire) en 1861 con el nombre de Herman Webster Mudgett, Holmes había mostrado desde temprana edad un curioso interés por la medicina; tanto que una de sus primeras prácticas conocidas fue la realización de autopsias de animales que sacrificaba.

Retrato de H. H. Holmes

H. H. Holmes

Sin duda, y apenas habiendo abandonado la adolescencia su porte de galán le permitió seducir a diferentes mujeres, eso sí, poseedoras de jugosas fortunas. Con sólo dieciocho años se casó con Clara Lovering, joven adinerada de quien Herman obtendría el dinero para costearse sus estudios de medicina en la Universidad de Michigan, donde consiguió su título de médico. Sería durante su estancia en la universidad cuando el joven comenzaría su actividad delictiva, en concreto, con el robo de cadáveres para sus experimentos. Tras sumir a su esposa en la bancarrota, la abandonaría por una viuda que regentaba una casa de huéspedes hasta que, obtenidos sus objetivos, se estableció un año como médico para posteriormente trasladarse a Chicago en 1885.

Establecido en esta ciudad adoptó el nombre de Henry Howard Holmes y, prosiguiendo con sus capacidades como seductor, su próxima víctima fue la joven millonaria Myrta Belknap, con la que contrajo matrimonio. Como en casos anteriores, el galán se las ingenió para sacar partido de la joven a quien dedicó una suculenta estafa de 5.000 dólares con la falsificación de unas escrituras. Aquella nueva adquisición le permitió comenzar a construir una lujosa residencia. La siguiente estafa, esta vez a su nueva amante y propietaria de una farmacia en Englewood, a quien dejó literalmente sin bienes y de quien jamás volvió a saberse nada, le aportó la titularidad del establecimiento, donde utilizaba el nombre de “Dr. Henry H. Holmes”.

The Murder Castle

En 1890 comenzó la construcción de un edificio que supuestamente sería un hotel y al que muchos criticaron su aspecto fantasmagórico. Y no era para menos; si su aspecto exterior resultaba tenebroso, el interior de aquella edificación de tres plantas podría ser la antesala del propio infierno. Comenzaremos por señalar que Holmes había financiado aquel proyecto a base de estafas a las empresas contratadas mediante el “despido – impago”. Una maniobra inteligente, teniendo en cuenta que, de esa manera, sólo él tenía la información precisa, tanto de los planos como de las instalaciones que después utilizaría contra sus víctimas.

‘The Murder Castle’

 

 

Vista desde el exterior, la edificación presentaba una apariencia normal, tanto es así que su planta baja estaba compuesta por negocios pero los pisos superiores y los sótanos eran una trampa mortal para los futuros huéspedes.

Planos del Hotel de Holmes

Planos del Hotel de Holmes

La macabra imaginación de Holmes no tenía límites a la hora de establecer el diseño de su fortaleza criminal. Pasillos secretos provistos de mirillas escondidas dejaban al descubierto la intimidad de sus clientes a quienes podía controlar mediante diferentes mecanismos eléctricos ocultos bajo el entarimado, o bien causar la asfixia de los desafortunados mediante unos grifos de gas. Un montacargas, además de dos toboganes trasladaban los cadáveres a la bodega donde eran recibidos en una especie de cubetas llenas de cal viva o de ácido sulfúrico donde eran disueltos o bien cremados en un incinerador. Más horrenda aún era la posibilidad de que la víctima fuera descendiendo atada de las extremidades, aún con vida hasta las cubetas de ácido o a una prensa mediante la cual, igualmente aún con vida, la persona iba siendo triturada. Éstos y otros instrumentos de tortura fueron preparados mientras el asesino esperaba un extraordinario evento…

La Exposición Universal de 1893

 

 

Chicago acogió la Exposición Universal en 1893; cientos de miles de visitantes llenaron la ciudad y sus hoteles y claro, el “castillo” de Holmes obtuvo su clientela correspondiente y con ella, la mayor provisión de víctimas para su matadero particular. ¿Cuántas muertes se produjeron a manos del serial killer?

La Exposición Universal de 1893

 

Nunca se sabrá con exactitud, pero se estima que la mayor parte de la matanza estuvo protagonizada por mujeres a las que incluso habría seducido antes de hacerlas desaparecer.
Tras el término de la exposición, los beneficios del hotel disminuyeron hasta crear pérdidas; la solución de Holmes, dada su trayectoria no pudo ser menos predecible: incendió la última planta para cobrar un seguro de 60.000 dólares, pero el fraude fue descubierto y tuvo que huir hasta Texas, donde inventaría otras formas de estafa hasta dar en la cárcel.

La Estafa Pitizel

 

 

Tras su salida de prisión, Holmes volvió a idear otra estafa, esta vez con la complicidad de Benjamin Pitizel, quien se haría un seguro de vida para después fingir su muerte sustituyendo su cuerpo por un cadáver desfigurado, de esa manera, repartir los beneficios de la “apenada” viuda con Holmes. Con lo que no contaría el matrimonio es que, el avispado estafador se apropiaría de la totalidad de la cuantía tras asesinar a ambos además de a sus hijos.

Retorno al Castillo de los Horrores

 

 

No había terminado de relajarse, cuando Holmes fue denunciado por un antiguo compañero de celda por desfalco a una aseguradora, descubriendo los planes que éste le había confiado. Los investigadores del caso descubrieron su auténtica identidad y fueron encajando las piezas de aquel complicado puzle urdido por el asesino.
La investigación que fue desarrollando la policía abrió las puertas del que fuera el macabro negocio de Holmes. Tras recorrer el complejo, la policía descubrió con estupor la maquinaria empleada por el asesino con sus víctimas, así como los restos de doscientos cadáveres, de los que Holmes sólo se hizo responsable de veintisiete.
Rehusando ser defendido por un letrado, Holmes se defendió infructuosamente a sí mismo, siendo condenado a morir en la horca el 30 de noviembre de 1895, efectuándose la ejecución el 7 de mayo de 1896.
“Nací con el demonio dentro, como mi patrón a un lado de la cama cuando vine al mundo y ha estado conmigo desde entonces…”   (declaración de Holmes poco antes de morir.)

¿Fue Holmes Jack el Destripador?

 

 

Se especula con la posibilidad de que Holmes, quien aseguraba en uno de sus diarios personales heredados por uno de sus tataranietos que durante un viaje a Londres había matado a varias prostitutas, fuera también aquél al que conoceos como Jack el Destripador, pero con los pocos datos, queda como eso: pura especulación.

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